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De la naturaleza y características, enumeradas en artículos anteriores, de los Mercados Organizados de Futuros y Derivados se desprenden interesantes consecuencias, para nosotros fundamentales:
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La operativa con Futuros nos permite posicionarnos en cualquiera de las dos partes contratantes, ya sea la parte compradora ó la vendedora.
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Al estar interconectados, existir la intermediación de la Cámara compensadora, y tratarse de un contrato normalizado que no es negociable, basta lanzar una orden en el sentido deseado para que se ejecute en cuanto haya contrapartida. (Actualmente basta un “clic” en nuestro ordenador)
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Por las mismas razones, no es necesario esperar a la fecha de vencimiento del contrato para ejecutarlo en sus condiciones, sino que basta tomar la posición contraria a la actual para cerrar la operación y tomar los beneficios del cambio de cotización en cualquier momento previo al vencimiento.
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Al ser una operación a plazo no hay que efectuar pago alguno, aunque sí depositar una garantía y pagar las comisiones del mediador autorizado (broker)
El resumen de todo ello es que los Derivados Financieros son una herramienta de gran valor para cubrir los riesgos del comercio, y con esa finalidad hemos visto que fueron creados. Pero también se desprende que, al poder operar con ellos al alza ó a la baja con total fluidez, y tener la capacidad de generar elevados beneficios con pequeños desembolsos, constituyen, por si mismos, una herramienta comercial extraordinaria, muy generosa, e independiente del producto subyacente que es el objeto del contrato.
Recordemos el artículo “Consideraciones sobre el precio”, donde hacía referencia a que el precio es un consenso motivado por las emociones de las partes. Emociones procedentes de los acontecimientos relacionados con el bien negociado, y al titulado “Mercados” de 26/05/2008, donde se hace referencia las multitudes que acuden a ellos.
Pensemos ahora en las “bondades de los Futuros” y su atractivo como herramientas para “hacer dinero abundante”, y también en su accesibilidad, al alcance de todo el mundo sin dificultad alguna, por medio de Internet y a la distancia de un “clic”. Pensemos en el descomunal incremento del volumen de los mercados sufrido en los últimos años, (por poner un ejemplo, el volumen semanal medio del contrato “mini” del Futuro del índice S&P500, fue en abril de 1998 de 55.749 contratos, pasando a ser en Marzo de 2008 de 9.695.077 contratos)
De todo esto se desprende que, en apariencia, la operativa con Futuros y derivados es una forma fácil y rápida de hacer dinero en abundancia, y si como último ingrediente añadimos el aspecto económico y laboral de los tiempos que corren, podríamos encontrarnos en una situación parecida a la que se dio durante la famosa “fiebre del oro” en California en 1848, ó en el Klondike en 1896. Pero no olvidemos una cosa: En ambos casos y en todas las demás “fiebres del oro” ocurridas en la historia, una cosa sí ha sido cierta e inevitable: Pocos mineros se hicieron ricos, pero sí se enriquecieron sus proveedores y los comerciantes relacionados.
¿No será correcto pensar que de la ingente cantidad de nuevos traders que cada día se suman al mercado muchísimos efectuaran sus operaciones movidos más por sus emociones, su intuición y su adrenalina, que por su racionalidad?
No dude Vd. que esto es absolutamente cierto, y es la razón de que la operativa con futuros se encuentre rodeada de advertencias sobre su “alto riesgo”, procedentes de expertos profesionales, ya que en el mercado hay una alta cantidad de perdedores. Hay quien afirma que cerca del 90% de los nuevos Traders son perdedores. Sin duda todos aquellos que confunden “operar en bolsa” con “jugar en bolsa”.
Si los Mercados Organizados de Futuros y Derivados nacieron para cubrir riesgos, y las Bolsas como Instituciones Financieras que permitieran a las empresas generar recursos económicos para aumentar su volumen de actividad, en la actualidad, la afluencia de masas a las que lo que menos importa es cual será el precio del subyacente al vencimiento del contrato, sino dentro de cinco minutos ó un par de horas, ha añadido a los mercados una nueva finalidad de tipo ludópata-especulativa.
Caer en ese sentimiento, que induce al nuevo trader a operar y operar, sin método alguno ni sistema de Gestión del Dinero, tomando posiciones una y otra vez originando pérdidas, que podrán ser pequeñas, pero repetitivas hasta llevarle a la liquidación de su cuenta de trading, es algo que es necesario evitar a toda costa. Esa actitud, que llamamos “Trading Emocional” no es tan frecuente en la operativa a medio ó largo plazo con acciones, pero extraordinariamente frecuente en el trading bidireccional con Futuros y otros derivados.
Solo existe un modo de evitarlo, y ese modo es buscarse las mañas para reunir en uno mismo las siguientes seis características:
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Independencia total de la multitud
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Profesionalidad y formación
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Frialdad
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Método
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Disciplina
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La paciencia de un lagarto




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