|
jueves, septiembre 3, 2009, 05:59 PM
Trading es la forma inglesa de “comercio” y también de “transacción en bolsa” ambas acepciones se incluyen en el diccionario, pero es ésta última la que en los años recientes se ha popularizado con enorme fortaleza. En consecuencia “trader” -comerciante- también se aplica con preferencia a quien comercia en el entorno bursátil. El trading, en este sentido, es por tanto tan antiguo como las bolsas. Haciendo algo de historia podemos decir que se remonta, cuando menos, a mediados del siglo XV cuando en la ciudad de Brujas, Bélgica, una familia de banqueros, los Van der Bursen organizaron en su palacio un mercado de títulos y valores. De su apellido - Bursen (börse) - se deriva el término universal “Bolsa” aplicado a los mercados de valores.
En 1460 se creó la Bolsa de Amberes, que fue la primera institución bursátil de concepto actual. Posteriormente, se creó la Bolsa de Londres en 1570, en 1595 la de Lyón, Francia.
En 1792 la de Nueva York, la primera en el continente americano, y la principal del mundo. Se creó cuando 24 comerciantes de aquella ciudad firmaron el acuerdo conocido como el "Buttonwood Agreement", en el cual establecían reglas para comerciar con acciones. Pero fue en 1817 cuando un grupo de corredores de bolsa se organizaron formando un comité llamado "New York Stock and Exchange Board" (NYS&EB) con la finalidad de poder controlar la compra y venta de acciones que hasta aquellos tiempos se habian negociado libremente y cuyas transacciones, al parecer, se efectuaban en la acera de Wall Street, la calle formada a lo largo de la valla que existía para evitar que los animales de las granjas que había en la península de Manhattan se dispersaran por el interior, ó al fresco de los árboles cercanos cuando hacía calor.
Evidentemente, en esos tiempos para hacer una transacción había que personarse en el “mercado”, ó utilizar los servicios de un “agente”, un “corredor de bolsa” que actuaba por representación del interesado. Las decisiones de compra ó venta debían fundamentarse en recomendaciones proporcionadas por los “corredores”, las impresiones recogidas en el propio “mercado”, ó en la investigación particular sobre la salud financiera de las empresas cotizadas. Los gráficos, como hoy los conocemos, eran inexistentes ó significaban bien poca cosa.
No fue hasta 1884, que el periodista y economista norteamericano Charles Henry Dow y su socio Edward David Jones, fundaron el diario económico “The Wall Street Journal”, creando seguidamente el primer índice promedio formado con el cierre de once valores, de los cuales nueve eran empresas de ferrocarriles.
En 1887 Dow y Jones volvieron a crear otros dos índices bursátiles, uno formado por las 12 empresas industriales mas importantes, el “Dow Jones Industrial Average” y otro, el “Dow Jones Railroad Average” con 22 compañías del sector de ferrocarriles. Actualmente “Dow Jones Transportation Average”
Naturalmente, en aquellos tiempos Dow y sus colaboradores, debían recopilar de forma totalmente manual los datos de las cotizaciones diarias de aquellas 33 entidades, reunidas en dos índices sectoriales. Plasmarlas numéricamente y gráficamente en el papel y elaborar sus promedios mediante un lápiz y una regla. Nada automático ni mucho menos informático.
Con esos medios elementales Charles Henry Dow fue pionero en el análisis de la evolución de los precios mediante gráficos y promedios. Proporcionó al mundo y los inversores otra visión y perspectiva de los mercados bursátiles ya que elaboró notas que publicó en su periódico, el “The Wall Street Journal”. Más tarde, un año después de su muerte ocurrida en 1.902, sus notas editoriales sobre el tema fueron recopiladas y publicadas en un libro denominado “El ABC de la especulación con valores” que posteriormente se ha conocido como “Teoría de Dow”.
Charles H. Dow fue elevado por el mundo financiero a un pedestal del que nadie podrá apearle ya.
Es conocido, y lo será siempre, como el “Padre del análisis gráfico y técnico”. Tuvo, al igual que otros grandes hombres de la historia, el ingenio y la capacidad necesaria para aplicar la ciencia a la práctica diaria, ya que en aquel tiempo resultaba conocida, incluso curiosa y sorprendente, pero considerada, aún entonces, de lejana utilidad.
En la misma senda que, por ejemplo James Watt, que en 1795 reformó las aplicaciones mecánicas prácticas del vapor, dando inicio a la Revolución Industrial, ó Arquímedes que aplicó el uso práctico de las leyes de la palanca para vencer a las naves persas, Dow aplicó los conocidos e inusuales (entonces) promedios a las cotizaciones, y mediante ellos descubrió, observó, estudió y elaboró las tendencias y sus normas, que dieron lugar al desarrollo del Análisis Técnico de los Gráficos de Cotizaciones. Ese es su mérito.
Algun tiempo después de Dow, en 1939, Ralph Nelson Elliot, uno de sus seguidores, publico a partir de la Teoría de Dow su tratado sobre ondas cíclicas, que completó la metodología analítica de gráficos que aún sigue en uso. Sin embargo… aunque Dow y Elliot sigan siendo considerados los “padres” del análisis técnico, y aunque las multitudes que diariamente hacen “trading”, ya sean manos fuertes ó manos débiles, toros ú osos, continúen obstinadamente fieles a Dow, Elliot y sus teorías, resulta que muchas cosas han cambiado en los últimos 106 años transcurridos desde 1903.
Hechos, cambios y costumbres
En efecto, durante aquellos años finales del Siglo XIX y comienzos del XX, ocurrieron muchas cosas por las que las diferentes “Bolsas” se vieron afectadas.
• Inestabilidad en Wall Street en 1907, que arrastró a la quiebra a muchos bancos.
• En 1913 Creación de la Reserva Federal como Banco Central de EEUU, para conducir la política monetaria y garantizar la estabilidad del sistema financiero.
• Guerra Mundial en 1914.
• Procesos de hiperinflación en la post – guerra.
• Recorte de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal, para ayudar a Inglaterra a mantener el Patrón Oro respecto a la Libra, lo que condujo al abaratamiento del crédito en EEUU, que junto a un desbordante optimismo económico, lleva a la creación de una “burbuja” bursátil. Un inmenso boom especulativo cuya importancia está bien representada por el crecimiento de la bolsa de Nueva York, que pasa, en solo cinco años, de gestionar 25 millones de acciones a gestionar 1.125 millones. El resultado de este gigantesco crecimiento crediticio y especulativo desemboco en el crack bursátil de 1.929 y la Gran Depresión.
Pero en lo que a nosotros, traders e intradía se refiere, lo más importante es que durante todos esos acontecimientos, fundamentales en la Historia de las bolsas y de la humanidad, el devenir diario de los mercados bursátiles debía registrarse sin ningún apoyo informático, y sus únicos referentes en cuanto a al análisis y predicción de la evolución futura de los precios de los índices, fueron principalmente las teorías de Dow y Elliot.
Esta última introdujo en el proceso analítico – predictivo de los precios, algunos elementos poco comunes, encaminados a explicar el movimiento en tendencias enunciado por Dow, organizándolo en torno a ciclos repetitivos y patrones de ondas sujetos a leyes naturales, de difícil explicación para la mayoría de la población, como son las proporciones Áureas, conocidas desde la mas remota antigüedad como una realidad matemática, presentes en la Naturaleza y enunciadas, entre otros por Miguel Ángel y el matemático Fibonacci.
Naturalmente, la dificultad para la elaboración rápida de los cálculos necesarios para el análisis, obligaba a utilizar los datos de cierre de cada sesión bursátil, haciendo prácticamente inviable la operativa intradiaria.
No fue hasta 1945, cuando la gigantesca computadora ENIAC, diseñada para acelerar cálculos en disparos de artillería, despertaba admiración. Trabajando a pleno rendimiento podía realizar hasta cinco mil sumas o restas y 300 multiplicaciones por segundo. Pesaba 32 toneladas y disponía de 17.468 válvulas que consumían 160.000 vatios.
Sin embargo tuvieron que pasar otros 36 años, hasta 1981 para que hiciera su aparición la Altair 8080, la primera computadora casera, que disponía de una memoria RAM de 256 bytes, y para que la PC de IBM fuera consagrada como personaje del año por la revista Time.
Aún entonces no habían llegado los verdaderos cambios profundos a los mercados bursátiles, aunque algo importante, en otro orden de cosas, si que había ocurrido. En 1972 el Chicago Mercantile Exchange (CME) introdujo por primera vez los Futuros negociando con divisas y facilitando la operativa bi-direccional (alcista y bajista). Y algo antes, en 1968, unos científicos de la Universidad de California, a instancias del Ministerio de Defensa de los EEUU, que deseaba mejorar las comunicaciones entre los diferentes organismos, conectaban entre sí a cuatro de aquellas enormes computadoras. La red se llamaba Arpanet, y dio origen a la futura Internet.
El verdadero y fundamental cambio para los mercados y para el análisis de los gráficos y precios tuvo su inicio cuando el inglés Tim Berners-Lee, en 1989, creó la World Wide Web, un entorno gráfico y multimedia que llevó a Internet a los hogares y dio inicio a la revolución digital.
A partir de ese momento todo ha evolucionado con rapidez. Los mercados bursátiles elaboraron software específico para su interconexión, y millones de personas tienen, en la actualidad, acceso directo a los mismos sin moverse de su hogar.
Futuros, opciones y otros productos derivados alimentan la expectativa de fuertes beneficios con escasa inversión, en virtud de ese efecto llamado “apalancamiento”.
El cálculo manual ó auxiliado por los antiguos instrumentos, de cualquier cosa que haya que calcular, desde promedios a complicadas ecuaciones, ha desaparecido y ahora lo realiza el ordenador doméstico como la cosa más sencilla y natural del mundo. La recepción y proceso de datos en el mismísimo instante en el que se produce una transacción electrónica, no sorprende a nadie, y en consecuencia comprar y vender en el espacio de minutos y hasta de segundos es algo tan natural como tomar café.
El trading en intradía es la profesión de millones de personas. El viejo análisis técnico, gráfico ó chartista mantiene utilidades, pero en intradía, y en muchos de sus aspectos tradicionales, aquellos mas misteriosos e imprecisos, ha quedado obsoleto y sustituido por la abrumadora eficacia del cálculo informatizado, que permite aproximaciones probabilísticas cercanas a la perfección.
Si Dow levantara la cabeza debería mantener muchos de sus principios, pero también se vería obligado a ajustar la dimensión de sus tendencias principales desde aquella duración de uno a tres años de la que el hablaba, a la actual de intradía, de pocos minutos a varias horas
Realmente las cosas han cambiado mucho desde los tiempos de Charles Henry Dow hace 106 años.
añadir comentario
| enlace permanente
| 



( 3.4 / 89 )




( 3.4 / 89 )
|

Calendario



