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El dedo en la llaga

ARTÍCULO -


Las Conversaciones exclusivas entre John Mauldin y sus amigos, David A. Rosenberg y Michel E. Lewitt, comentadas en un magnífico artículo de S.MacCoy, ponen el dedo en la llaga. Un hecho singular en la evolución de la crisis que está cobrando una gran popularidad y calando hondamente. Es la convicción, cada vez más extendida de que si la crisis no está en vías de terminar es porque anda por ahí serpenteando. Buscando nuevas víctimas a las que devorar, pero ¿Qué?.

Hasta al fecha, esta crisis ha convertido en puro hielo al sector inmobiliario, al financiero, al consumo y ahora busca cobrar una nueva victima.

Esta víctima no es otra que la credibilidad de los estamentos políticos fiscales y financieros responsables de tomar las medidas necesarias para su corrección.

La esperanza de la población está puesta en el regreso, en un futuro próximo, del antiguo bienestar basado en las costumbres económicas que precedieron a la crisis mundial. Facilidad de financiación para consumir mediante deuda. Consumo libre de ocio, vivienda, automóvil, y cuantos signos de bienestar fueron cosa habitual de cada día en el pasado de hace solo un par de años.

Sin embargo poco a poco viene calando en la población un sentimiento diferente: Las cosas no volverán a ser lo que fueron. La salida de esta crisis no consistirá en regresar sin más ni más a la bonanza pasada, sino en un profundo cambio en las costumbres. Lo normal será, en el futuro, vivir con los propios medios, sin gastar nada más y sin endeudamientos corrientes. Pero ¿hasta que acabe el endeudamiento existente y las cosas se estabilicen en las nuevas condiciones, que? Pues hasta entonces solo queda el camino del sufrimiento. Apretar el cinturón ó perder lo debido.

En este contexto social nacen otros fantasmas. A medida que la nueva realidad va siendo asumida, el consumo familiar decae más y más, y el fantasma de la deflación precede a una mayor caída del crecimiento económico, haciendo inútiles las abrumadoras medidas económicas adoptadas por las autoridades monetarias y por los gobiernos. Estas pueden ser las nuevas víctimas de la crisis. La falta de credibilidad en el potencial de la política monetaria cercena sin remedio la misma raíz de la confianza y del sistema.

Y ahora pregúntese ¿Por qué desde primeros de mayo los mercados han entrado en un lateral tan insidioso? ¿No es prueba de una gran incertidumbre y desconfianza por parte de los inversores? ¿Será que no se puede creer en el crecimiento en tanto no se estimule el consumo?

Los mercados no son la prueba de lo anterior, pero son reflejo de que después de la euforia abrumadora llega la comprobación de una realidad bien diferente.

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