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Opiniones

ARTÍCULO -


Santiago Niño Becerra, Nouriel Roubini y Paul Krugman. Tres economistas de reconocido prestigio internacional, que incluyen en su currículo títulos como el de “catedrático” o “premio Nobel”  entre otros. Ellos llevan mucho tiempo avisando del negro futuro que se presenta para España, Europa, y el sistema económico mundial. Y no en un futuro muy lejano, sino a corto plazo.

Tampoco son solo ellos tres; son muchos; son legión, por no decir todos, porque lo que no encuentro por ningun sitio son opiniones de economistas que auguren el final feliz de la crisis y el regreso al anterior bienestar, salvo que procedan de alguno que defiende la actitud de su partido político preferido, que dice tener la solución.

¿Por qué no hacemos caso de tanto aviso y advertencia? ¿Porqué  tildamos a sus autores (yo el primero en más de una ocasión) de catastrofistas? ¿Es quizás algo así, como lo que ocurre con el cambio climático o el deshielo de los polos? Todo el mundo lo sabe, pero nadie o muy pocos lo reconocen. Del mismo modo quien más quien menos sabe que esta situación económica puede que tenga cambio, pero no retorno. Sin embargo aquí estamos esperando a que se pongan parches, y a que los peces grandes se coman a los chicos o… al que se deja.

Está claro que España ha sido rescatada financieramente. Bajo una fórmula Ligth, porque no puede serlo plenamente. Es demasiado dinero.

La prueba es que por esa razón, porque alguien piensa que es el menor de los males,  España pierde soberanía, y debe ceder la autoridad sobre sus bancos a favor de otro patrón. El prestamista. Además pierde el estatus “de igual a igual” que mantenía ante las principales economías europeas, y cede su silla en instituciones de control, como el Banco Central Europeo.  El deudor debe apartarse, es “la otra parte del contrato”, el prestatario.

Deberíamos hacer un esfuerzo por poner los pies en el suelo. Escuchar las voces expertas y el sentir popular, y asumir que éste es el principio de un camino doloroso, por el que vamos avanzando hacia un nuevo mapa político europeo, que se configura mediante un proceso de eliminación que solo ha hecho que comenzar. Grecia... Portugal... España... Detrás vienen otros. Italia tiene todas las cartas de la baraja, y luego Francia, que tampoco lo tiene fácil, y finalmente el colapso de la Unión Europea, según anuncian los economistas cualificados.

Quizás sea mejor que todo ocurra cuanto antes.

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